
Del gol de Lafita ante Osasuna que allanaba el camino a la permanencia a la imagen del final en Anoeta va todo un camino que lleva desde la ilusión por el logro casi conseguido hasta el terror por lo que se avecina, por un descenso a Segunda que aún es evitable, aunque el panorama se ha teñido de oscuridad. Y es que hay que hacer un ejercicio de fe para creer que el mismo grupo que cayó ante Osasuna y Real Sociedad puede ganar a Espanyol y al Levante. Ese equipo, que en tantas ocasiones rebosó espíritu y carácter, se ha quedado sin alma y tiene mucho miedo. Y como tiene tan poco fútbol y menos pegada... Casi no hace falta terminar la frase.
El Zaragoza permitió que Osasuna ganara en La Romareda, con un festival de errores que capitanearon Doblas, Jarosik y el propio Aguirre. El problema es que decidió que en Anoeta esa macabra celebración debía de continuar, empezando por el propio Aguirre, que se equivocó en el plan inicial y retrasó en demasía el último cambio. Y Doblas, otro ídolo hasta hace bien poco, posibilitó el primer gol de Tamudo en una salida fatalmente medida. El meta ya no jugará por lesión en esta temporada, pero el regusto que ha dejado en estos dos partidos ha sido muy amargo, por mucho que antes Toni salvara al equipo en no pocas ocasiones.
Ni con el gol se serenó la Real Sociedad. Si Osasuna no era nada y el Zaragoza le dio vida, el equipo donostiarra era un flan, sobre todo atrás, y no se supo aprovechar. Es verdad que el Zaragoza sin alma, desubicado y desordenado que deambuló en la primera parte sacó más intensidad tras el descanso, pero de nuevo aparecieron los regalos.
Bravo, sobre todo el portero chileno, Ansotegi o Demidov se lo quisieron poner fácil, pero este Zaragoza regala sonrisas de alivio a sus enemigos. Incomprensible el gol que falló Uche a pase de Boutahar y mucho más el que dejó de anotar a puerta vacía Ander. La falta de pegada ha sido y es un lastre terrible. Por si alguien tenía dudas, Uche aclaró que el gol es su peor hándicap. Fútbol tiene más que Braulio, Sinama y Marco Pérez juntos. Gol, más o menos el mismo. Es decir, casi nada.
Había que rematar el festival y el Zaragoza lo hizo en un córner cuando solo quedaban dos minutos. Jugada confusa, despeje de cabeza indigno de Paredes a la frontal del área y gol de Aranburu tras rebotar el balón en Jarosik. Una comedia vista desde fuera. Un drama para el zaragocismo, que ve con terror cómo el equipo se asoma al abismo por su propia incapacidad en dos partidos donde tenía mucho que ganar tras la machada en el Bernabéu y en los que ha comprado un número enorme de papeletas en la rifa para acabar en Segunda.
FUENTE: S.Valero (EL PERIODICO DE ARAGON)