domingo, 22 de mayo de 2011

El Zaragoza sigue en la élite tras acabar con final feliz un curso durísimo y un día histórico para el zaragocismo.

La pesadilla acabó. Y acabó bien, con el Real Zaragoza en Primera, el lugar que por historia y por afición merece, como se puso de manifiesto en un Ciudad de Valencia que quedará para la leyenda zaragocista. Allí, el conjunto aragonés cumplió con su deber, ganó a un Levante cuya motivación era infinitamente menor y propició, gracias a dos golazos de Gabi, que 11.000 fieles que pusieron todo el aliento para el equipo y que una ciudad entera pudieran por fin respirar tranquilos. El infierno escogió al Deportivo y con el empate en Valencia hubiera bastado, pero el Zaragoza ganó, lo que tenía que hacer.

Fue el éxtasis: los abrazos, las lágrimas, la fiesta de la plantilla sobre el césped, la emoción de Ander en su último partido, los abrazos a Gabi, aclamado y con petición reiterada de que vista ya con la selección por parte de una grada que le venera, como también a Javier Aguirre, discreto en la celebración, que dejó para los jugadores. Él se marchó al vestuario con la satisfacción del deber cumplido. La vuelta de honor de la plantilla dando las gracias a una afición que ha sido el motor del equipo cuando más necesitaba su fuerza marcó el culmen de la fiesta, de un día lleno de zaragocismo, de horas de carretera y de miles de cánticos, de carne de gallina y emoción, y que finalizó de la mejor manera, con una fiesta para celebrar la permanencia y con Agapito Iglesias pudiendo suspirar de alivio. No lo pudo hacer en demasía... La grada zaragocista le señaló a él, para que se vaya, en medio de la fiesta, cuando ya el equipo ganaba y firmaba su salvación. Ese gesto le debería hacer reflexionar.

Dos golazos de Gabi mantienen al Zaragoza en Primera. El resumen es tan escueto como suficiente. Era el equipo más amenazado, pero limitó su sufrimiento. Muchas historias condujeron a este final en Valencia, todas redimidas por una noche de victoria cocinada en la torrencial pasión de la hinchada aragonesa, que llenó el estadio granota. El sostén procurado por su gente inspiró al Zaragoza y enmarcó en una jornada memorable la última escena de la Liga.

El Levante fue un actor secundario, acordonado por el empuje aragonés. Si alguien encontró indicios para armar una sospecha, Munúa los negó con un catálogo de paradas dignas de mejor causa. El meta uruguayo sacó no menos de cuatro goles. Más de la mitad del tiempo se jugó en el área del Levante, recogido alrededor de Munúa. Esa dinámica provocó un parte completo de dramáticas ocasiones: dos goles anulados por fuera de juego a Boutahar y Uche, una caída de Diogo en la línea de fondo, un larguero y las atajadas de Munúa. Cuando el Levante disparó por primera vez, había pasado la hora de juego: Leo Franco desechó un remate largo de Wellington. A diez minutos del final, en un tiro libre frontal, Stuani peinaría a gol.

Superación. No hubo más noticias del Levante. El Zaragoza vivió en esos diez minutos finales un relativo temblor, pero estaba a salvo. El par de hermosuras de Gabi remataron su épica temporada. Épica no sólo por la emocionante exhibición de compromiso, sino por el peso incontestable de sus once tantos en la suerte del equipo. La historia de este Zaragoza sólo la explica el inquebrantable afán de superación, un instinto de supervivencia elevado por encima de la escasez futbolística, la incertidumbre institucional y la fractura social. La penosa campaña por la salvación ha terminado haciendo de pegamento de las voluntades. Pero si queda un nombre sujeto en el aire de nueve meses de sufrimiento, es el de Gabi. Pocas veces un brazalete habrá provocado el efecto multiplicador que ha tenido en Gabi la banda con la enseña de Aragón. Su figura resume la historia de este equipo. El epílogo lo corona.

FUENTE: S.Valero (EL PERIODICO DE ARAGON) y Mario Ornat (DIARIO AS ARAGON)


Publicado por MartinHernandez @ 11:47  | Real Zaragoza
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios