
Postiga necesitaba marcar ya y el Zaragoza necesitaba los goles del portugués, su único delantero de referencia. Ese cúmulo de urgencias se dio la mano en una victoria que tiene el sello de Hélder, con un doblete que hizo justicia a sus méritos futbolísticos y que dejó para la retina, para la memoria de La Romareda, una chilena inolvidable con la que estrenó su cuenta anotadora tras 451 minutos sin ver puerta. Ese bellísimo tanto en el inicio fue el pasaporte para liquidar a una Real Sociedad paupérrima, con enormes dudas atrás y con pocos recursos arriba, y firmar un triunfo justo y hasta cómodo, aunque con un fútbol a ráfagas, que trae tranquilidad clasificatoria en un equipo acostumbrado a vivir en la agonía en los últimos años. En tiempos tan convulsos como los que ha traído Agapito Iglesias se agradece mucho un poco de calma deportiva.
El triunfo, el segundo en La Romareda y de la temporada, dio la mejor traca final a las fiestas y sitúa al Zaragoza noveno y a cuatro puntos del descenso, un colchón muy de agradecer cuando en el horizonte aparecen el Reyno de Navarra y el Calderón, con la visita del Valencia entre medio en un final de octubre complicado. El equipo zaragocista ratificó, además, su mejoría y lo hizo con el carácter inapelable de la victoria. Solo cabe hablar de una progresión real si ésta viene acompañada de triunfos. Sí, el Zaragoza mejora, Aguirre casi ha perfilado un bloque, con sus hombres de confianza ya muy claros, y las vías de agua hacia Roberto se cerraron bastante ayer.
BUENAS NOTICIAS Es verdad que la Real Sociedad, irreconocible por ese uniforme chillón amarillo --el márketing no respeta nada--, amenazó poco, muy poco, porque fue un horror cuando el Zaragoza le presionó de verdad, algo que hizo solo a ratos, pero es un gran paso que Roberto dejara en la maleta el traje de Superman que tanto ha usado ya. Si a eso se le añade la inspiración que encontró Postiga, el partido dejó buenas noticias, solo oscurecidas por las molestias musculares de Mateos y Meira --solo un susto, pero una amenaza en una plantilla corta-- y por el juego a ráfagas del conjunto aragonés, que alternó fases muy intensas con otras, al final de cada tiempo, donde sesteó y se hizo insufrible.
El partido, así, no fue redondo para el Zaragoza, pero sí esperanzador, con muchas más notas en el haber que en el debe. Además del deseado doblete de Postiga, no hay que desdeñar la inmensidad de Ponzio, su buena conexión con Meira, la inteligencia de Luis García, el crecimiento de Juárez y el asentamiento de una zaga a la que la Real Sociedad no exigió, ni siquiera cuando Da Silva se quedó como único central acompañado por Juárez en el eje y con Zuculini como lateral. Con una plantilla tan corta de efectivos, a poco que haya problemas, Aguirre va a tener que hacer malabarismos. La defensa que acabó el choque es un buen ejemplo.
El partido se resume en el acierto de Postiga y en el mayor empaque del Zaragoza. Dos claves bastan para saber por qué la Real Sociedad, donde solo Zurutuza y la pelea de Agirretxe ofrecieron algo reseñable, dobló la rodilla. Lo empezó a hacer cuando Postiga se disfrazó de Pelé y mandó un centro de Juárez a la red con una preciosa chilena. Fue para frotarse los ojos con un gol que se recordará durante mucho tiempo y que dejó sin respuesta a los donostiarras. Ponzio y Meira se adueñaron de la medular y mostraron las carencias sobre todo de Bergara. El juego entre líneas de Luis García y Postiga hizo el resto. Cuando el Zaragoza presionó bien, a su enemigo se le destaparon todas las carencias, dejando claro que el 4-3-3 y el fútbol ofensivo de Montanier son una quimera en la Real, por lo menos por lo visto ayer.
Una falta que Paredes envió al palo mereció el segundo gol y el Zaragoza se echó a dormir después, confiado e irregular, demasiado expuesto a que el rival empatara. Roberto lo evitó en un disparo de Zurutuza mientras La Romareda se impacientaba por el exceso de conservadurismo de un equipo que juega solo a ratos. Cuando empezó el curso no lo hacía nunca, por lo que algo ya ha avanzado. Montanier movió ficha tras el descanso y buscó asustar con tres centrales y dos carrileros. Ponzio y Postiga alejaron los fantasmas. El argentino firmó una gran jugada, con dos regates, y asistió a Hélder, al que no le tembló el pulso para hacer el 2-0. Era el comienzo del segundo acto y de ahí al final al equipo solo le dio para acomodarse e ir empeorando poco a poco su faz, sin que las salidas de Ruben Micael y Juan Carlos lo pudieran evitar. Al contrario. Pero lo cierto es que el triunfo no peligró, ni con Griezmann en el césped, para recoger un botín vital envuelto por Postiga y relleno de calma.
FUENTE: Santiago Valero (EL PERIODICO DE ARAGON)